24 horas en Nantes

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de visitar Nantes, una localidad de la bretaña francesa a orillas del Loira, caracterizada por la curiosa transformación que ha sufrido en las últimas décadas. El siguiente texto extraído del medio La Vanguardia, nos da algunas claves:

La reconversión industrial de finales de los años 80 del siglo pasado, hizo que muchas ciudades europeas tuvieran que replantearse a sí mismas. No fue un proceso fácil pero las que optaron por el camino de la cultura y la modernización sin olvidar sus orígenes se han convertido en un referente.

Orígenes por cierto, visibles a todas luces. Las enormes grúas, emblema y orgullo de la ciudad, se elevan en la ribera como recuerdo de los antiguos astilleros.

Nantes constituye una urbe peculiar. Los letreros de los comercios son reinventados por artistas, y la ciudad natal de Julio Verne,  se descubre también como una ciudad que promociona el movimiento y la actividad física en cada detalle.

Para empezar cabe destacar su famosa línea verde conocida como Le Voyàge a Nantes. Un trazo continuo dibujado en el suelo, sirve de guía al visitante en una travesía sinuosa por la ciudad. A lo largo de la misma descubrimos a nuestro ritmo los puntos de interés histórico- cultural más significativos.

¿Una buena idea para importar no creéis? 

Lo cierto es que la diversidad existente entre los barrios que conforman Nantes, hacen que merezca la pena disfrutar los 15 km de recorrido. 

El distrito de L’Ile de Nantes, representa como ningún otro la metamorfosis de la ciudad. Las naves y muelles industriales se han reconvertido en cafés, huertos urbanos y espacios de promoción y creación cultural. La isla está salpicada de obras de arte, y como podéis comprobar, algunas de ellas se mezclan con el fenómeno deportivo para crear espacios únicos.

¿Quieres probar estas mesas de Ping Pong? Solicita las raquetas en el bar de enfrente.
Campo de fútbol oblicuo. Basado en el anamorfismo de Dalí.

Y no sólo encontramos espacios deportivos. En Nantes los pequeños (y los mayores) tienen zonas de recreo como la que podemos ver a la derecha, ubicada en uno de los pulmones de la ciudad, el Jardin des plantes. Merece sin duda la pena disfrutar de la zona de los autómatas, con el famoso elefante mecánico o el carrusel de los mundos marinos

Por último cabe destacar la relativa escasez de coches, siendo el tranvía y sobre todo la bicicleta, los principales agentes de movilidad. En definitiva, una ciudad que merece la pena conocer, y en algunos aspectos, imitar.

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Vuelos: Puedes encontrar por 40 euros ida y vuela. Compañia Volotea.
Bus aeropuerto-ciudad: 9 euros. Trayecto de 20 minutos.

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